



En General Oraa 24.
Inaugurada en octubre de 1947, muestra la tendencia en rótulos que se impuso en el Madrid de la posguerra: tipografía romana para especificar el comercio y firma caligráfica para el nombre de la tienda, siempre en letras de bronce.
Una tendencia que se enmarca en esa vuelta al pasado más rancio como reacción a la explosión de formas de vanguardia que habían llegado a dotar de imagen de marca a la II República.
Este tipo de rótulos, lejos de la experimentación tipográfica de los años 20 y 30, transmite en cambio una serie de valores bastante conservadores: tradición frente a revolución, lo clásico como garantía de confianza, negocio familiar y una señorial elegancia.
Los rótulos madrileños de la posguerra, más que sentido estético, lo tenían ideológico.
«Hija de un "rojo". Pérgamo nace en 1947 cuando Raúl Serrano, catedrático con 22 años y fundador de las Juventudes Republicanas de Aragón, es depurado por Franco. Su salida fue la librería del 24 de General Oraa, donde hoy sigue oficiando su hija con sapiencia y amor superlativos» («ABC», 24-03-2009)
ResponderSuprimirhttp://www.abc.es/la-ultima/noticia.asp?id=1868&num=20090324&sec=35
http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/cordoba/abc.cordoba/2009/03/24/088.html
Hola Margarita,
ResponderSuprimirCreo que, aunque aporta un dato interesante, la tuya es una aclaración innecesaria.
En ningún momento se habla en el post de la ideología de la gente que lleva o llevaba la librería, solo de los vientos estéticos que soplaban en el momento de su apertura, en plena posguerra, un retorno en todos los órdenes a un clasicismo rancio.
Puse esta librería como ejemplo porque me pareció muy representativa de ello y por el excelente estado de su fachada.
Imagino que Raúl Serrano, con o sin pasado republicano, lo que hizo fue adaptarse -o adoptar- las tendencias del momento, las mismas que impusieron una arquitectura escurialense y obligaban en los bares a cambiar el nombre de 'ensaladilla rusa' por el de 'imperial'.
En los años 50, afortunadamente, volvieron la modernidad y el sentido común.
Lamento haber herido alguna susceptibilidad; no era en absoluto mi intención.
Un cordial saludo.
No has herido a nadie. Soy hija de Raúl Serrano Guillén y copropietaria con mi hermana, que es quien está allí, de Pérgamo. Agradezco muchísimo, por el enorme cariño que demuestra, la aclaración de Margarita, pero he entendido el sentido de tu artículo perfectamente. Sí te cuento que mi padre ni siquiera se adaptó a las tendencias del momento si no a lo que había a su alcance. Cada cosa comprada para montar Pérgamo supuso visitas al rastro (el mármol del suelo de la entrada fue comprado allí y lo trajo mi padre debajo del brazo) y a cosas singulares como las cartillas de racionamiento y el estraperlo. El rótulo era el único que podía hacer, en ese momento, el broncista que había perdido en un bombardeo todas sus plantillas :-) Por otra parte había mucho miedo. Estábamos en el barrio de Salamanca y no se podía uno destacar por nada.
SuprimirEntiendo como piropo lo que dices de la conservación de la fachada. Nos cuesta mucho trabajo mantenerla así e incluso el rótulo no es el original, roto de tanto Sidol y tanto frote, je, je. Costó Dios y ayuda encontrar a alguien que nos hiciera uno igual. Pena que la foto está hecha con él sucio.
Gracias por permitirme acceder a tu página.
Ana Serrano
Gracias a ti, Ana, por completar la historia de vuestra tienda, recordando las penurias de una época aciaga y el ejemplo de personas que, como vuestro padre, luchó por imponerse a ellas.
ResponderSuprimirY gracias a ti y a tu hermana por conservar con tanto cariño, pese a no contar con ningún tipo de ayuda, una de las fachadas comerciales más elegantes y bonitas de Madrid.
Ha sido un privilegio recoger aquí vuestros comentarios.
Un saludo.